Una lengua activa es aquella hacia la cual el intérprete es capaz de traducir. Para ello, es necesario un perfecto dominio de dicha lengua no sólo desde el punto de vista de la comprensión, sino también en cuanto a la expresión, ya que debe ser capaz de transmitir todos los matices del discurso original mediante un léxico variado y una correcta presentación fonológica.
A diferencia de otros profesionales, todos los intérpretes de AICE cuentan por lo menos con dos lenguas activas de las cuales una siempre es el español.
Una lengua pasiva es aquella que el intérprete comprende perfectamente y que utiliza como lengua de partida, pero hacia la cual no es capaz de traducir ya que su nivel de expresión en la misma no le permite transmitir el mensaje con precisión.
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